Como parte de su interés –por momentos irónico– en el entorno doméstico, esta serie de pinturas se pueden entender como estudios de color a partir de un elemento característico de la decoración: los jarrones de flores. Éstos surgen por el comentario de una persona que, ante la incomprensión del arte como un espacio de discusión y no sólo como decoración le sugiere que deje de pintar esas cosas raras y mejor pinte floreros. El artista aprovecha la ocasión, en tono provocador, para realizar una serie de estudios alrededor de uno de los temas fundamentales de la pintura: el color.